Los jefes de Estado de los 27 países miembros de la Unión, firmaron
el Tratado del Lisboa el 13 de Diciembre de 2007. Este tratado pone a
disposición de la Unión Europea los instrumentos necesarios para afrontar los
retos futuros y responder a las expectativas de sus ciudadanos, ya que, los estados miembros no están en
condiciones de afrontar en solitario los graves problemas que puntualmente se
presentan y que rápidamente se propagan de un país a otro como consecuencia de la globalización. Así pues el Tratado de Lisboa establece qué puede , o no hacer la UE, y qué medios puede o no puede utilizar, a la vez que modifica la estructura de las instituciones europeas y sus métodos de trabajo, para que puedan prestar un mejor servicio a la democracia y a los valores que la Unión promueve como fundamentales.
El Tratado de Lisboa pretende conseguir principalmente:
- Una Europa más
democrática y transparente: el Parlamento Europeo y los Parlamentos
nacionales tienen mayor protagonismo, hay más oportunidades para que los
ciudadanos hagan oír su voz y es más fácil saber cómo se reparten las
tareas entre la Unión y los países miembros.
- Una Europa más
eficaz, con métodos de trabajo y votación simplificados, instituciones
modernas y adaptadas a la Unión de los Veintisiete y más capacidad para
actuar en los ámbitos prioritarios para la UE de hoy.
- Una Europa de
derechos y valores, libertad, solidaridad y seguridad, que potencie los
valores de la Unión, conceda rango de Derecho primario a la Carta de los
Derechos Fundamentales, establezca nuevos mecanismos de solidaridad y
garantice una mejor protección a sus ciudadanos.
- Hacer de Europa un actor en la escena global combinando los instrumentos con que cuenta la política exterior europea a la hora de elaborar y aprobar nuevas políticas. Gracias al Tratado de Lisboa, Europa está en condiciones de expresarse con más claridad ante sus socios internacionales. Se ponen en juego todas las capacidades económicas, humanitarias, políticas y diplomáticas de Europa para fomentar sus intereses y valores en todo el mundo, respetando los intereses particulares de los Estados miembros en el marco de las relaciones exteriores.
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